Carrousel
luz
dorada, de noche
gira
brilla,
eternidad
una canción
de cristal
y
llora...
miércoles, 16 de julio de 2008
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Especial: Jorge Boccanera
Poeta, dramaturgo y ensayista Bahiense, nacio en 1952.
Desde 1976, a raíz del golpe de estado, vivió largo tiempo exiliado en México y Centroamérica, ejercio periodismo y colaboro en muchas actividades literarias . Al caer la dictadura se radicó nuevamente Argentina, dedicado por completo a la literatura.
En 1976 obtuvo el premio "Casa de las Américas" de Cuba y posteriormente el "Premio Nacional de poesía joven" en México.
De sus libros de poesía merecen destacarse: Los espantapájaros suicidas en 1974, Noticias de una mujer cualquiera en 1976, Contraseña en 1976, Poemas del tamaño de una naranja en 1979, Música de fagot y piernas de Victoria en 1979, Los ojos del pájaro quemado en 1980, Polvo para morder en 1986, Sordomuda en 1991, Zona de Tolerancia en 1998 y Bestias en un hotel de paso en 2001. Su poesía ha sido traducida a varios idiomas.
Desde 1976, a raíz del golpe de estado, vivió largo tiempo exiliado en México y Centroamérica, ejercio periodismo y colaboro en muchas actividades literarias . Al caer la dictadura se radicó nuevamente Argentina, dedicado por completo a la literatura.
En 1976 obtuvo el premio "Casa de las Américas" de Cuba y posteriormente el "Premio Nacional de poesía joven" en México.
De sus libros de poesía merecen destacarse: Los espantapájaros suicidas en 1974, Noticias de una mujer cualquiera en 1976, Contraseña en 1976, Poemas del tamaño de una naranja en 1979, Música de fagot y piernas de Victoria en 1979, Los ojos del pájaro quemado en 1980, Polvo para morder en 1986, Sordomuda en 1991, Zona de Tolerancia en 1998 y Bestias en un hotel de paso en 2001. Su poesía ha sido traducida a varios idiomas.
Latigazos de sombra desordenan tu cuerpo,
en la fotografía donde te estoy pensando,
y soy el extranjero que descubrió tu rostro
y se animó a escribirlo, que era como besarlo.
este poema
siempre estoy comenzando este poema
pero claro
llaman a la puerta las voces cotidianas
o se cae a pedazos el día diecinueve
o se me sube rosi a las rodillas
o caigo en la guitarra buscando no sé qué
siempre estoy comenzando este poema
pero llegan recuerdos de una ternura un día
o me sirven café
o voy a ver al boby que está ladrando mucho
y escribo una palabra y ya viene la tarde
con su naufragio entonces
pongo la ternura en una botella
para que alguien recoja pedazos de mis ojos
siempre estoy comenzando este poema
pero llega la noche
quiero decir tu pelo mojado
quiero decir que crezco
y que salgo a caminar tu nombre
viene despacio
entra
tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parte
viene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
viene despacio
a tender sus manteles de ternura
viene despacio
apenas echa humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
viene despacio
entra
se arrodilla al borde de mi alma
a juntar los fragmentos de mi risa
después se vuela azul como la tarde
entramos a la pieza casi sin reconocernos
sus ojos eran pactos de ternura y violencia
yo la miraba todo el tiempo
habrá pensado en mi cansancio
habrá pensado -está borracho-
habrá pensado en irse pronto
habrá pensado tantas cosas
me acerqué a sus dos manos
sin dejar de mirarla
desde mi soledad hasta su boca
habrá pensado en enojarse
habrá pensado -no es un hombre-
habrá pensado ¿en qué quedamos?
habrá pensado tantas cosas
cuando entró el sol cuando se fue
desde mi boca hasta su adiós
y aún en el viaje de regreso
habrá pensado tantas cosas
habrá pensado tantas cosas.
la honestidad poética
no es que los poetas mientan
es que los mentirosos
quieren hacer poesía
lo poco que he vivido
me ha hecho perder
demasiado tiempo
Caminé en el desierto de tu lengua.
De cada polvareda hice un recuerdo grato.
De una piedra redonda, un amuleto.
De las verdes tormentas hice un bosque.
De cuatro lagartijas, un amigo.
Caminé,
¿Para qué?
Si el que habla de estas cosas es apenas el viudo de tu lengua.
¿Para qué?Caminé,
Caminé.
El bosque, el amuleto, el amigo, el recuerdo, son puñados de polvo.
¡Tanto excavar por una sola perla de agua!
¡Todo mi harén es una Sordomuda!
Hada
Se alimenta de carne de venado, de hojas grandes y
verdes, pero vomita nieve.
Se desliza a gran velocidad, sube a los altos picos y
cuenta lo que todos callamos.
¿Podría patinar sobre un pie? ¿Dibujar en un pie?
Voy a decirlo de otro modo: la Sordomuda pasa con su
cuerpo ladeado para recuperar el equilibrio.
Aquí todos la aclaman: “no hay palabras, es única”.
Con su pasamontañas se desliza.
Clava sus espolones y mi lengua aterida se
enrolla en viejos miedos.
Y así ella se alimente de frutas amarillas o de peces
plateados, siempre vomita nieve.
Cuando vomite al bosque, yo lo conoceré.
Ahora está en la pendiente: “no hay palabras, es
única”.
Yo rito del trineo, con mi hocico escarchado poco
puedo decir.
Para ella los aplausos porque puede bailar, dar
vueltas como un trompo.
Y si se lo propone,
podría leerle los labios a un muñeco de nieve.-Escribir es, de alguna manera, ir a una cita.
-¿Con quién? ¿En qué lugar? ¿A qué hora?
-La misma expectativa, el sudor en las manos, la mente en blanco, la página igual.
-Pero él, ¿escribe?
-...y marcó el número y concretó la cita y escuchó aquella voz como bordada en todo el cuerpo.
-¿Pero cuál? ¿Pero quién?
-Hay fotos de revistas, hay rumores.
-¿Cuándo? ¿En qué lugar?
-El entra al baño, se peina, se despeina, se perfuma y ya decidido va a pedir un café.
-Es temprano, ¿verdad?
-El reloj es un inválido que cuenta historias crueles.
-Siga, siga. ¿Por qué?
-Ella cruza la puerta, endiablada, entalcada, ella avanza atareada, en fin, pintarrajeada.
-Por favor, continúe.
-No hay palabras, es única.
-¿Y él?
-Ya se puso de pie y le estira una mano.
-¿Y ella?
-Pasa ligero, dice "no lo conozco".
Yo dije "bésale las piernas a la poesía".
Y también "bésale las palabras".
Yo dije "hurga su lengua".
Y dije "hasta que abra los brazos".
Yo dije "bésale las piernas, las palabras".
Y dije "hasta que no de más".
Y "hasta que pida más".
Y dije "hasta que cante".
A qué alegar ahora si ella en verdad cantó.
¿Fue un sueño?
¡Qué más da si era mímica y disco, si era patraña y ruido!
Sé que la oí cantar,
¿qué cambia que hubiera sido de otro modo?
Especial: Sergio Raimondi
Nació en 1968. Es integrante de los Poetas Mateistas. Publico algunos poemas en la revista Diario de Poesía y en la antología Poesía en la Fisura, y una traducción de fragmentos de Paterson de W.C. Williams en la revista whiskys, Poesía civil (Vox, 2001), que fue traducido al alemán y editado en 2005 por el sello WVB de Berlín. Ha traducido a Catulo (Catulito, Vox, 1999) y escrito sobre Sarmiento, Alberdi, Lamborghini, Oliva y otros.. Actualmente dirige el Museo del Puerto de Ingeniero White y es profesor de Literatura Contemporánea en la Universidad Nacional del Sur.
A continuación nos lee.
Mirando al río Rhin.
A continuación nos lee.
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